La muerte ajena: cuando ninguna versión contiene toda la verdad
- Tatiana Rabat

- hace 1 día
- 3 min de lectura

Este año me he cuestionado hasta mis hábitos lectores. Qué leo, por qué lo leo, a qué autoras regreso y, sobre todo, cuántas escritoras maravillosas siguen fuera de mi radar simplemente porque nunca me había cruzado con ellas.
Y ahí es donde este Club de Lectura vuelve a hacer de las suyas.
Gracias a la elección de agosto del plan lector de Las mil y una lectoras, llegué por primera vez a Claudia Piñeiro con La muerte ajena. Desde ya les digo que quiero seguir leyendo a esta autora.
La novela comienza con una caída. Juliana, una joven, cae desde un quinto piso en Buenos Aires. El apartamento pertenece a un poderoso empresario agropecuario y lo que podría ser una noticia más dentro de la rutina periodística de Verónica Balda —una reconocida conductora de radio— se convierte rápidamente en algo mucho más personal.
Verónica sabe quién es la mujer que ha muerto. Entre ellas existe una historia familiar compleja y, a partir de ahí, la novela empieza a abrir puertas que quizá algunos personajes habrían preferido mantener cerradas.
Pero lo que más me atrapó de La muerte ajena no fue solamente averiguar qué ocurrió con Juliana.
Fue quién me estaba contando lo ocurrido. Porque aquí no tenemos un solo POV.
Tenemos el de Verónica, a quien podríamos identificar como la protagonista y desde cuya mirada entramos inicialmente a la historia. Tenemos el de Pablo, su novio y —permítanme adelantar mi veredicto— un ser nefasto. Aunque háganme el favor de llegar hasta el final y después conversamos para ver si opinamos lo mismo.
Luego leemos el de Juliana, cuya muerte desata toda la trama, pero su voz termina siendo imprescindible para entender que una persona siempre es mucho más que lo que los demás dicen de ella.
Y también conocemos a Leticia, exjefa de Verónica, sobre quien todavía no logro decidir qué pienso. Ustedes ya me contarán qué les parece.
Cada personaje vive, interpreta y cuenta los hechos desde su propia versión, y ahí es donde Claudia Piñeiro es una maestra: en mostrarnos la imposibilidad de encontrar una verdad completamente limpia de emociones, intereses, recuerdos, omisiones y justificaciones.
¿Esto pasó realmente así o así lo recuerda este personaje?
¿Pueden dos personas haber vivido exactamente el mismo momento y estar diciendo la verdad cuando cuentan historias completamente distintas?
Cuando terminas, queda una sensación incómoda de que quizás nunca sabemos del todo qué ocurrió.
Solo sabemos lo que cada uno cree que ocurrió. Lo que está dispuesto a reconocer. Lo que decide omitir. Y, tal vez más importante, lo que necesita contarse a sí mismo para poder vivir con ello.
Eso fue, para mí, una de las cosas más interesantes de la novela: Claudia Piñeiro no utiliza los diferentes narradores solamente como un recurso para entregarnos nueva información. Cada cambio de perspectiva pone en duda lo que acabábamos de aceptar como cierto.
Una versión completa a otra, pero también puede contradecirla. Y entonces el misterio deja de ser únicamente qué pasó con Juliana.
La pregunta empieza a ser otra: ¿Existe realmente una versión definitiva de lo ocurrido?
Por encima de todo esto están también el periodismo, los vínculos familiares y la prostitución: el telón de fondo sobre el que la autora teje esta historia.
Porque la muerte de Juliana no sucede en el vacío. Alrededor de ella existen personas con poder, medios de comunicación buscando construir un relato, relaciones familiares atravesadas por heridas antiguas y personajes intentando proteger sus propios intereses.
Así que mientras aparentemente estamos tratando de reconstruir una muerte, también estamos observando quién tiene derecho a contar una historia, quién consigue que su versión sea escuchada y qué sucede con aquellos cuya voz suele quedar reducida a lo que otros dicen sobre ellos.
Me leí La muerte ajena en tres sentadas, que coincidieron casi perfectamente con las tres partes del libro.
La novela no te entrega cómodamente “la verdad”. Te da las piezas, te cambia el narrador, y de un momento a otro estás dudando de algo que unas páginas atrás dabas por cierto.
Y tú, ¿ya la leíste? ¿Qué otro libro me recomiendas de Claudia Pineiro?
Tatiana Rabat
@tatyrabatz




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