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Amigos, amantes y aquello tan terrible: leer para comprender aquello que no hemos vivido

Imagen generada con IA.
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"Amigos, amantes y aquello tan terrible" fue el libro elegido por Las mil y una lectoras para mayo, un mes que invita a hablar sobre salud mental. Fue una elección acertada porque, aunque solemos asociar las conversaciones sobre salud mental con ansiedad, depresión o bienestar emocional, pocas veces nos detenemos a hablar de las adicciones con la misma apertura, empatía y humanidad.

 

Mayo es reconocido internacionalmente como el mes de concientización sobre la salud mental. Más que una fecha en el calendario es una invitación a detenernos un momento y preguntarnos cómo estamos, cómo están quienes amamos y qué conversaciones seguimos evitando por miedo, desconocimiento o prejuicios.

 

La salud mental tiene muchos rostros. Algunos son visibles y otros llegan disfrazados de éxito, sonrisas constantes, fama y dinero, o de una vida que parece perfecta desde afuera.

 

Y Matthew Perry es, quizás, uno de esos casos.

 

Para muchos siempre será Chandler Bing, el personaje sarcástico y entrañable de Friends que nos hizo reír durante años. Tal vez por eso resulta tan impactante leer este libro y encontrarse con alguien completamente distinto: un hombre que estaba atravesando una batalla silenciosa y devastadora contra sus adicciones.

 

Debo decir que fue una lectura que me generó emociones encontradas. Es un libro denso, especialmente para quienes nunca hemos atravesado una adicción de cerca, pero aun así queremos acercarnos a comprender qué siente una persona que vive una batalla de tales dimensiones.

 

Matthew Perry escribe sobre su vida sin ningún tipo de protecciones, no intenta construir una imagen más amable de sí mismo ni busca quedar bien ante el lector. Hay momentos incómodos, repetitivos, frustrantes incluso, pero supongo que también hay algo profundamente honesto en demostrar que las adicciones no son lineales ni tienen curas milagrosas.

 

Me gustó lo fácil que se lee y, sobre todo, la honestidad brutal con la que cuenta su historia. No solo habla de su adicción, también hace un recuento constante de sus privilegios, no los da por sentado, los reconoce y agradece por ellos. Habla de las oportunidades que tuvo, del dinero que pudo invertir en tratamientos, de las personas que permanecieron a su lado y de todas las veces que la vida le permitió volver a empezar.

 

Hay una enorme sensación de humildad en cada página. Y creo que eso fue lo que más me sorprendió. Porque uno podría pensar que el libro gira únicamente alrededor de las drogas o del alcohol, pero terminé encontrándome con algo distinto. Terminé encontrándome con un mensaje sobre lo verdaderamente importante: la familia, los amigos, una pareja comprensiva —si es que uno la desea—, la posibilidad de ser felices o, quizás más realista aún, de buscar pequeñas dosis de felicidad en el día a día y dejar de verla como un destino final al que un día llegaremos.

 

Quizá esa sea la mayor enseñanza de este libro al permitirnos tener la visión de una vida distinta a la nuestra y salir de ella con más preguntas que respuestas, pero también con un poco más de empatía.


Tatiana Rabat

@tatyrabatz

 
 
 

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