El consentimiento: una historia que sigue vigente
- Amparo Montalvo

- hace 3 días
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El libro El consentimiento, escrito por Vanessa Springora y publicado en 2020 por Editorial Lumen, es un relato autobiográfico que aborda una relación abusiva entre una niña de 13 años y un escritor 36 años mayor.
La niña: origen de una herida
El relato está dividido en cinco capítulos, cada uno con su propia denominación.
El primero, “La niña”, presenta la vida de la autora con sus padres y la permanente relación de conflicto entre ellos, la ausencia del padre en su crecimiento y el abandono de la casa familiar. La madre trabaja en una editorial.
Desde este punto inicial se insinúa una carencia afectiva que atraviesa toda la obra.
La presa: el inicio de la captura
En el capítulo dos, “La presa”, la autora narra cómo, cerca de los trece años, su madre la lleva a una cena donde conoce a “G”, un escritor atractivo, que en un primer momento le genera una sensación casi paternal.
Durante ese encuentro comienza un seguimiento visual insistente por parte de él.
La autora escribe:
“Al fin y al cabo, cuando aquella noche mi madre propuso al escritor llevarlo a casa y él aceptó con un tono tan dulce, muy bien pudo pensar ella que él no era insensible a sus encantos. Pero descubre con una violencia inaudita que su hija se ha convertido en una rival antes de tiempo...”
Y luego, le suelta esta frase:
“¿No sabes que es un pedófilo?”
Un contexto que permitió el abuso
El libro no solo narra una historia personal. También expone un momento histórico.
En 1977, en París, se dio un movimiento en favor de la pederastia. El periódico Le Monde publicó una carta abierta titulada “A propósito de un proceso”, firmada por intelectuales como Roland Barthes, Gilles Deleuze, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Marguerite Duras, Hélène Cixous y Michel Foucault.
Este contexto revela una sociedad permisiva, donde situaciones como la narrada no generaban el rechazo esperado. Como señala el libro, “los medios de comunicación no son más que el reflejo de su tiempo”. Décadas después, esos mismos medios reconocerían su error.
El dominio: la carencia como puerta de entrada
El tercer capítulo, “El dominio”, profundiza en la dinámica emocional.
Se destaca la carencia afectiva, una sed de amor que lo absorbe todo, que se bebe sin cuestionar su calidad, con alivio, gratitud y una felicidad engañosa.
Es allí donde el vínculo se consolida, no desde el amor, sino desde la necesidad.
El abandono: la caída
En el capítulo cuatro, “El abandono”, la relación comienza a resquebrajarse.
“G” es presentado como un hombre obsesivo con su cuerpo, con rutinas estrictas, que viaja regularmente a una clínica en Suiza para “rejuvenecer”.
Durante una de sus ausencias, la autora accede a sus escritos y descubre pasajes de carácter pornográfico en los que ella misma aparece como objeto de excitación.
Paralelamente, su vida como estudiante se deteriora: se aísla, se distancia de sus pares, mientras observa cómo otros adolescentes visitan el apartamento de “G”.
Descubre sus mentiras, sus engaños, sus viajes a Manila vinculados a prácticas de pederastia.
Surgen los celos, las preguntas sin respuesta y el enojo de él ante cualquier cuestionamiento.
También aparece una revelación inquietante: “G” reconoce haber sido iniciado en su infancia por un adulto cercano a su familia.
La huella: lo que queda después
En el último capítulo, “La huella”, la autora expresa su deseo de recuperar una vida normal, una vida de adolescente. Pero en esos momentos padece el acoso de lectores de los libros de “G” y reflexiona:
“Nada excita más a algunos viejos que la idea de una chica completamente depravada”.
El libro cierra con una conciencia ampliada: su historia no es única.
Reconoce el sufrimiento de otras jóvenes que vivieron experiencias similares, y ese deseo común de reconstruirse, de encontrar un amor que no reproduzca el daño, sino que lo alivie.
Una lectura necesaria
El consentimiento no es solo un testimonio. Es una denuncia.
Un texto que interpela no solo al agresor, sino a la sociedad, a los medios, a los silencios y a las complicidades.
Una historia que, aun siendo difícil, merece ser leída.
Amparo Montalvo
@amontalvop31




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